
Características del Maíz
- Nombre: Maíz
- Reino: Plantae
- Subreino: Tracheobionta
- División: Magnoliophyta
- Clase: Liliopsida
- Subclase: Commelinidae
- Orden: Cyperales
- Suborden: –
- Familia: Poaceae
- Subfamilia: Panicoideae
- Género: Zea
- Especie: Zea mays
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El Zea mays es originario de América Central. En términos de producción, actualmente ocupa el primer lugar entre los cereales más consumidos en el mundo, superando al arroz y al trigo.
El maíz es una planta anual que varía en tamaño, pudiendo medir de 40 cm a 6 m de altura. Su tallo, sólido y robusto, alcanza generalmente entre 1,5 y 3,5 m y está segmentado en secciones de aproximadamente 20 cm cada una. En cada nudo del tallo, dos hojas opuestas lo rodean y caen progresivamente a medida que la planta crece. Estas son esbeltas, con nervaduras paralelas en su limbo. A veces alcanzan hasta 1 m de largo por 10 cm de ancho. En la base de estas hojas se encuentra una pequeña estructura llamada lígula.
El sistema radicular del maíz es complejo, ya que está compuesto por raíces adventicias. Estas emergen de los nudos inferiores del tallo y forman coronas sucesivas. Esta red de raíces a veces se extiende a más de un metro de profundidad. Esto le confiere a la planta una excelente estabilidad y previene su caída.
Los principales constituyentes bioquímicos del macerado de maíz incluyen flavonoides, alcaloides, ácidos grasos poliinsaturados y saponinas. Estos compuestos ofrecen una acción antiinflamatoria específica, centrándose principalmente en los tejidos arteriales y el músculo cardíaco.
El macerado de yemas de maíz se recomienda para problemas relacionados con el sistema cardiovascular. Se utiliza principalmente en casos de infarto, insuficiencia coronaria o aterosclerosis, así como para prevenir enfermedades cardiovasculares.
Es esencial tomar ciertas precauciones para garantizar un uso seguro y adecuado de este remedio natural a base de maíz.
El macerado de maíz contiene etanol, lo que lo hace potencialmente peligroso para personas que sufren de alcoholismo. En caso de dependencia al alcohol, su uso está desaconsejado. Esto también es válido para mujeres embarazadas o en período de lactancia. Lo mismo se aplica para personas en riesgo como aquellas que sufren enfermedades hepáticas o epilepsia.
La administración del macerado de yemas de maíz en niños debe realizarse con precaución. Es importante respetar escrupulosamente las recomendaciones de dosificación para esta categoría de edad. Para evitar cualquier riesgo, debe observarse un intervalo de al menos 4 horas entre dos tomas consecutivas.
Su uso está estrictamente contraindicado en personas alérgicas a las sustancias activas contenidas en el maíz. Es imperativo verificar la composición del producto cuando existe alguna duda.
En caso de olvido de una toma, se desaconseja tomar una dosis doble para compensar la que se omitió. Esto podría provocar efectos indeseables como dolor de estómago o náuseas.
El macerado de maíz puede utilizarse solo o en sinergia con otras preparaciones a base de plantas medicinales.
El macerado de yemas de maíz se administra generalmente según una posología que varía en función de la edad y las necesidades individuales.
La posología estándar para adultos varía de 5 a 15 gotas por día. La mejor solución es comenzar con una dosis de 5 gotas. Después, basta con aumentar progresivamente 1 gota cada día hasta alcanzar el efecto deseado.
En los niños, la posología se calcula en función de la edad. Por regla general, la dosis recomendada es de 1 gota por día por cada año de edad. Un niño de 4 años tomará por ejemplo 4 gotas al día. Este método permite ajustar la ingesta en función del peso y la sensibilidad del sujeto.
La mejor manera de optimizar la absorción de los principios activos de este remedio natural es tomarlo fuera de las comidas. La administración se efectúa depositando la solución directamente en la lengua. Debe mantenerse allí durante algunos segundos antes de ser tragada. Sin embargo, también es posible diluirlo en una pequeña cantidad de miel o en un poco de agua para facilitar la toma.
En general, un tratamiento con este extracto de planta consiste en una toma diaria continua durante 3 semanas. Después de este período, es necesaria una pausa de 1 semana durante la cual el producto no se administra. Esta secuencia de toma seguida de una semana de descanso puede repetirse durante un máximo de 3 meses.
En fase de mantenimiento o prevención, 1 semana de administración por mes es generalmente suficiente para disfrutar de los beneficios de manera duradera.
Su combinación con otros macerados de yemas permite aprovechar las propiedades complementarias de cada planta. He aquí cómo el macerado de yemas de maíz puede utilizarse en sinergia para diferentes afecciones:
Para favorecer el bienestar general y ralentizar el proceso de envejecimiento, a menudo se asocia con el macerado de secuoya o arándano. Esta combinación busca apoyar la vitalidad y combatir los signos del envejecimiento.
En caso de convalecencia prolongada después de una enfermedad grave, es posible combinarlo con un macerado a base de endrino, roble, grosellero negro o escaramujo. Esta sinergia permite revitalizar el organismo y acelerar el proceso de curación.
Este remedio a base de maíz se asocia con el macerado de yemas de grosellero negro y avellano en el marco de un tratamiento de afecciones. Esto incluye la angina de pecho, la cardiopatía y las coronaritis. Esta combinación busca fortalecer el sistema cardiovascular y mejorar la circulación sanguínea.
En caso de infarto en fase aguda o en período de recuperación post-infarto, este macerado se asocia a menudo con la lila. Esto ayuda a prevenir las recaídas y favorecer la cicatrización del músculo cardíaco.
Es posible mezclar el macerado de yemas de maíz con el de nogal. Esto permite combatir las afecciones cutáneas como el acné, la piel seca, el síndrome de piel arrugada y el vitíligo. Esta combinación busca mejorar la salud de la piel, favorecer la regeneración tisular y atenuar los problemas cutáneos.
En caso de hepatitis viral, este remedio debe asociarse al macerado de yemas de almendro o centeno. Esta sinergia permite apoyar la función hepática, facilitar la regeneración de los tejidos del hígado y luchar contra las infecciones virales.
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