
Características de la Papaya
- Nombre: Papaya
- Reino: Plantae
- Subreino: –
- División: Magnoliophyta
- Clase: Magnoliopsida
- Orden: Violales
- Familia: Caricaceae
- Subfamilia:–
- Género: Carica
- Especie: Carica papaya
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La papaya es la baya producida por el árbol frutal llamado “papayo” que es conocido científicamente como Carica papaya. También se le llama “melón de los trópicos”, “higuera de las islas” o “fruta de los ángeles”. Este fruto de color amarillo anaranjado de forma ovoide es apreciado por su pulpa jugosa y su sabor único, ya sea que se coma dulce o salado. También tiene efectos beneficiosos para la salud, ya que posee propiedades tonificantes, inmunoestimulantes, remineralizantes, antioxidantes y vermífugas. Estos efectos se encuentran en la pulpa, las semillas y el látex extraído de la corteza de esta baya originaria de América del Sur. Sin embargo, más allá del consumo promedio de 100 a 300 g al día, es bueno conocer las precauciones y contraindicaciones.
La papaya proviene de América del Sur (Brasil, México…) y su consumo se remonta a casi 4,000 años. Según la leyenda, los mayas y los incas la consideraban una “fruta medicinal”. La veneraban tanto que la llamaron “el árbol de la vida”. Este fruto se utilizaba en particular para tratar trastornos digestivos como el estreñimiento, los dolores intestinales y la gastroenteritis.
La leyenda cuenta que la papaya era la fruta favorita de Cristóbal Colón y que la llamaba “fruta de los ángeles”. Después de una larga expedición en el mar y comidas escasas, su tripulación disfrutó de una fiesta extravagante que les causó problemas digestivos. Tras seguir los consejos de los nativos sobre el consumo de papaya, se recuperaron rápidamente. Después de haber apreciado esta deliciosa fruta en América del Sur, los españoles y los portugueses la introdujeron inmediatamente en África y Asia, especialmente en India. Esta baya llegó a Europa en el siglo XVII.
El papayo produce este fruto casi todo el año. La papaya puede pesar hasta 5 kg y medir entre 21 y 31 cm de largo. Tiene una piel amarilla anaranjada, una forma ovoide y pequeñas semillas negras con un sabor ligeramente picante. De color anaranjado, su pulpa es jugosa, dulce y delicadamente perfumada.
Muchas variedades de papayas han sido objeto de modificación genética por transgénesis. El objetivo de esta operación es permitir que estos frutos resistan al PRSV o virus de las manchas en anillos del papayo. Las papayas resultantes son conocidas como SunUp y Rainbow. Su cultivo está permitido en los Estados Unidos y su importación está permitida en Canadá y Japón. Por otra parte, variedades de papayos hermafroditas producen papayas más alargadas, con pulpa de color anaranjado a amarillo. Al igual que la papaya silvestre, las de tipo dioico dan frutos más oblongos. Su pulpa es roja, más perfumada y más sabrosa.
100 g de papaya cruda proporcionan calorías (42,2 Kcal), proteínas (0,75 g), lípidos (< 0,3 g), carbohidratos (8,53 g) y fibras (1,8 g). Como nutrientes, contienen:
Estos componentes otorgan a la papaya muchas virtudes medicinales.
La riqueza nutricional de esta baya amarilla anaranjada le merece la calificación de «superalimento». A continuación, las numerosas acciones de la papaya en el cuerpo y la salud.
La papaya contiene seis minerales esenciales, entre ellos el calcio, indispensable para la solidez del esqueleto a todas las edades. También está compuesta de hierro, un gran aliado en la formación de la hemoglobina y la oxigenación de los tejidos. También contiene magnesio, un elemento esencial con más de 300 funciones (fijación del calcio en los huesos, contracción de los músculos…). El fósforo contenido en esta fruta ayuda a mantener una buena salud ósea y contribuye al buen funcionamiento del sistema nervioso. Finalmente, el potasio consolida el sistema cardiovascular, mientras que el zinc asegura un efecto inmunoestimulante.
La vitamina B1 contenida en esta fruta contribuye al buen funcionamiento del organismo, especialmente del sistema nervioso y las funciones cognitivas. Las B2 y B3 ayudan a atenuar la fatiga favoreciendo la producción energética. La B5 participa en la síntesis de ciertas hormonas como la adrenalina y el cortisol. La B9 participa en la creación de células, facilita la cicatrización de heridas, refuerza las defensas inmunitarias y combate ciertas afecciones. La vitamina C, por su parte, tiene efectos tonificantes e inmunoestimulantes.
100 g de papaya cruda cubren más del 7 % de las necesidades diarias de fibra de un individuo. Estas sustancias combaten el estreñimiento, estimulan las contracciones del intestino, aumentan el volumen de las heces y absorben el agua contenida en el tracto digestivo. Alimentan el microbiota intestinal, lo que fortalece las defensas inmunitarias y asegura una mejor asimilación de los nutrientes de los alimentos. Mantienen a raya los riesgos cardíacos así como las enfermedades cardiovasculares relacionadas con la hipercolesterolemia. Para ello, atrapan las partículas de colesterol alimentario y las eliminan por las vías naturales.
Finalmente, las fibras reactivan el tránsito intestinal perezoso y participan en el reequilibrio de la flora intestinal.
La papaya contiene activos antioxidantes (zinc, vitaminas C y E…) que le permiten proteger el sistema cardiovascular de los efectos nocivos de los radicales libres. El potasio presente en esta baya es indispensable para la función cardíaca, ya que asegura el buen funcionamiento del ritmo y controla la contracción del miocardio.
Una vez incisa, la corteza de la papaya verde produce lo que se llama látex. Este complejo contiene papaína y quimopapaína, dos enzimas que facilitan eficazmente la digestión de alimentos proteicos. En lo que respecta a la primera enzima, interviene en el tratamiento sintomático de los problemas dispépticos. También participa en el tratamiento auxiliar de las complicaciones postoperatorias así como de las afecciones de la cavidad bucal y el orofaringe. En el Pacífico, las semillas inmaduras de papaya se recomiendan en el tratamiento de la diarrea.
La papaya está compuesta de zeaxantina, un pigmento no producido por el organismo que debe ser aportado por la alimentación. Sin embargo, este carotenoide es un antioxidante destinado a proteger los ojos de los daños causados por la luz. También retrasa la aparición de cataratas y DMAE (degeneración macular asociada a la edad).
La papaya es una fruta ligera debido a su alto contenido de agua y su aporte calórico medio. Por lo tanto, se integra fácilmente en una dieta de pérdida de peso y puede ser consumida como postre o merienda.
100 g de esta baya cruda cubren aproximadamente el 70% de las necesidades de vitamina C de un individuo. Así, la papaya ayuda a tonificar el cuerpo y estimula las defensas inmunológicas, permitiendo mantenerse en forma. Su riqueza en vitamina B la convierte en una verdadera aliada para atenuar la fatiga. Los minerales que contiene contribuyen a combatir los bajones físicos e intelectuales.
Su riqueza en antioxidantes y fibras confiere a la papaya la capacidad de acelerar el tránsito intestinal. Esto reduce el tiempo de contacto de la mucosa colorrectal con las células procarcinógenas presentes en las heces. Así, esta fruta actúa como alimento protector, especialmente contra los cánceres de recto y colon. Un estudio del equipo de Erin Siegel confirma que el consumo semanal de papaya también reduce el riesgo de desarrollar cáncer de útero.
Esta baya es una verdadera aliada de belleza, ya que el látex contenido en su corteza tiene un efecto antiinflamatorio. Más concretamente, la papaína contenida en este extracto elimina suavemente las células muertas presentes en la superficie de la piel. Al mismo tiempo, preserva las células sanas de manera similar a un producto exfoliante. El proceso de renovación celular se optimiza de esta manera, lo que permite tener una piel luminosa y radiante.
El betacaroteno presente en esta fruta también colorea la piel, permitiéndole tener un tono radiante. Contribuye a la prevención del envejecimiento prematuro de la piel, estimula la producción de melanina y favorece la uniformidad de un bronceado.
En la mayoría de los países de América tropical y Asia, el látex de papaya se utiliza como vermífugo. Actúa sobre las triquinas, oxiuros y áscaris.
En el Pacífico, las semillas de papaya también tienen un efecto antiparasitario gracias a su contenido en glucotropéolina. Se aconseja preferirlas al látex, un potente purgante que puede causar intoxicaciones mortales.
La papaya se puede consumir fresca, seca o deshidratada, y esto, antes o después de la comida. En cocina, se utiliza en la preparación de recetas tanto saladas como dulces. En versión salada, a menudo se cocina al vapor o salteada para acompañar un pescado, una carne blanca… Algunas personas la cortan en dados y la añaden a una ensalada de cangrejo. Esta fruta también adorna las ensaladas de frutas, ya que su sabor se combina bien con el de la pera, el kiwi, el plátano… También se puede mezclar con yogur o una bebida vegetal (leche de soja o leche de coco) para obtener un batido.
En fitoterapia, la preparación vermífuga se obtiene moliendo las semillas de papaya madura cocida al horno. El jugo resultante de esta operación se debe añadir al jugo hecho con la misma fruta. El líquido debe consumirse en ayunas, a razón de una cucharada al día para un adulto. Esta baya también se puede ingerir en forma de infusión. Se debe infusionar 1 cdita. de hojas de papaya y dejar enfriar antes de su consumo, a razón de 3 veces al día. Además, la papaína extraída del látex generalmente se ofrece en forma de cápsulas. Se recomienda seguir la posología indicada en la caja, ya que su dosificación varía de un fabricante a otro.
En cualquier caso, es conveniente comer de 100 a 300 g de papaya al día para beneficiarse de sus numerosas virtudes nutricionales y medicinales.
En caso de consumo excesivo, esta fruta puede causar trastornos digestivos debido a su alto contenido en fibras. Su látex es particularmente alergénico y a veces causa alergia cruzada con el albaricoque, el kiwi, la castaña, el aguacate y el plátano. También está contraindicado para mujeres lactantes y embarazadas. Los efectos de la papaína contenida en este complejo enzimático también pueden interactuar con anticoagulantes y antiplaquetarios. Esta sustancia está prohibida para las personas que siguen este tipo de tratamiento.
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